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Comentemos de:
Andrés Gómez Santos
El legado de un padre deportista, un ejemplo a seguir.
Andres Gomez
“El zurdo de oro”, como también lo conocemos por sus logros obtenidos a lo largo de su brillante carrera como tenista profesional, comparte que la dedicación, paciencia y perseverancia, son fundamentales para conseguir grandes éxitos.
Andrés reconoce que tales virtudes las fue adquiriendo en su proceso de formación, primero en el colegio IPAC y luego, de una forma más firme, en el colegio salesiano Cristóbal Colón. En este último, recuerda que el primer año todos los días antes de entrar a clases, asistían a Misa. “Definitivamente tener fe es la base de todo ser humano, hay que creer, hay que tener claro las cosas que quieres hacer y para eso tienes que creer en lo que dicen tus padres, tus profesores y tu formación cristiana”, afirma.
Su riqueza técnica, su concentración y entrega, han sido dones que recibió y desarrolló, los cuales le permitieron llegar a ser considerado como máximo exponente del tenis latinoamericano. “Fuimos creados por Dios, unos tenemos habilidades para ciertas cosas y no tenemos habilidades para otras; eso es lo lindo de nosotros, aprender a conocer lo que tenemos y lo que se nos ha dado; ese proceso es la parte divertida de la vida: crecer y conocerte a ti mismo”, comenta con alegría.
Para Andrés, el mundo del tenis era mucho más natural, pero “vivía en un mundo que no era real”, expresa. “El diferente era yo, me desenvolví en un mundo donde éramos unos cuantos y teníamos que ir de un lugar a otro buscando ciertas cosas que la mayoría de la gente no; más aun en nuestro país donde el jugador profesional era desconocido o ‘un bicho raro’, más bien ellos nos venían a ver por los torneos” –añadió. No obstante, expresa con satisfacción haber conseguido los objetivos que se trazó en su carrera deportiva, viviendo “la satisfacción de que eso ayudó a abrir puertas a muchos ecuatorianos, a creer en ellos y estar seguros que también se puede luchar afuera y que el nombre de Ecuador tenía su ‘especie de curriculum’: gente amable, alegre, trabajadora, honesta; esa es una marca que hemos tratado de imponer”.
Refiriéndose a la alegría de la victoria y a la tristeza de la derrota, dice: “cuando compites todos los días tienes que aprender a aceptar que la victoria final está en algún lugar, hay que trabajar para ello y esperar los momentos claves; las cosas finalmente se te van a dar. En el caso del tenis, ves jugadores de primer nivel que de repente ganan 7 u 8 torneos en el año de los 20 que jugó, eso significa que tuvo que perder 10 veces en algún momento”. A veces se gana perdiendo, “hay victorias y derrotas que te marcan más. Hay victorias que duran toda una vida, como Roland Garros y hay derrotas que no duran tanto pero… en una Copa Davis del año 85 me tuve que retirar con una lesión, fue duro porque era un momento que había esperado por mucho tiempo ya que íbamos a enfrentar a el número 1 del mundo en singles y en dobles; había mucha expectativa en el Ecuador por esa serie y apenas duré 20 minutos. Eso me dejó marcado no sólo físicamente porque tuve 3 meses fuera de competencia, sino también psicológicamente porque siempre te preguntas que hubiera pasado si hubiera podido seguir, habría ganado o me ‘masacraban’ en la cancha, por eso uno siempre tiene que tratar de hacer las cosas para que después no queden en ‘por qué no lo hice’”. Antes de cada partido, hay momentos en los que se siente una cierta tranquilidad, una paz interior y para eso hay que estar bien con uno mismo y con el prójimo, básicamente eso es lo que enseña la doctrina cristiana.
Por su trayectoria internacional se lo llegó a considerar como ‘embajador deportivo’. En su experiencia, recuerda haber cometido una imprudencia que le permitió darse cuenta de lo que realmente significaba representar al país. “Durante un torneo en Bruselas (Bégica), luego de jugar un partido, un periodista con cierto aire de arrogancia -que les da la ignorancia de no saber donde queda el Ecuador- (mucha gente pensaba que el Ecuador estaba en África), me dice: ‘como así con su aspecto (tez blanca ojos verdes, 1.90 m. de estatura), es ecuatoriano, no es lo que esperábamos’, y contesté: ‘cuando estoy en mi país me pongo mi taparrabos y pintado’ -tenía 20 años-. Esto ocasionó que el embajador de Ecuador fuera a visitarme porque salió publicado en todos los diarios, entonces supe que lo que dijera iba a incidir bastante en mi carrera y en la gente, me hice más consciente y menos irresponsable al momento de decir las cosas”.
No considera que el tenis sea un deporte elitista, para él, tal vez se lo califique así porque no hay el apoyo que debería haber para un deporte que ha dado muchos triunfos al país. Tampoco cree que deba masificarse sino popularizarse, con programas que por lo menos aumenten su práctica en un 10%. Apuntando a tratar de dar una mayor capacitación en escuelas de nivel medio donde muchas veces hay horas que cree están siendo mal aprovechadas.
Para Andrés, el apoyo recibido de su familia fue importantísimo, “entré en una aventura no muy segura, de la cual no se conocía mucho y en la que prácticamente tenías que estar 11 meses fuera del país”. A raíz de que empezó a jugar profesionalmente tuvo el apoyo de su mamá, su abuela y sus hermanos, (perdió a su padre a los 18 años), “siempre se encargaron de que todo vaya bien”. Añade: “Me casé a los 26 años, con una mujer increíble, quien, al igual que yo vivía y amaba el tenis. Ella se volcó a dar todo su apoyo a mi carrera, sin egoísmo de ningún tipo. Siempre activa como su abuela, Clara Bruno de Piana, cuando me retiré me tocó apoyarla en todo lo que hacía: estudiar y ser una profesional, como lo es ahora” –comenta orgulloso-. Su esposa lo acompañó en todas las competencias durante 7 años, llegando a viajar siempre junto a sus dos primeros hijos, aunque siendo complicado, los hacía sentir a gusto porque esto los ayudó a complementarse como pareja y como familia. Ahora que tiene sus hijos y ver que uno estudia fuera, sabe lo duro que es para un padre esta situación.
Definitivamente tener fe es la base de todo ser humano, hay que creer, hay que tener claro las cosas que quieres hacer y para eso tienes que creer en lo que dicen tus padres, tus profesores y tu formación cristiana”
Luego de retirarse de la actividad competitiva, volver a su vida cotidiana fue algo muy difícil, había perdido ese ritmo de vida, a muchos amigos que había conocido en su etapa adolescente dejó de verlos porque no estaba en el país. “Cada uno siguió con lo suyo estudiando, trabajando y encontrando donde mejor se iban a desenvolver. Me alejé mucho –manifiesta con nostalgia-, y después de casi 20 años volver a verlos no era fácil y no me acordaba de casi todos”. Tenía que comenzar a hacer algo productivo otra vez y empezó a trabajar por el desarrollo y la popularización del tenis y de a poco fue reubicándose.
Sus hijos siguen sus pasos, en todo, pero cada cual a su manera. El mayor, Juan Andrés, juega y estudia en la Universidad de San Diego, becado por tenis, esto alivia los costos muchísimo. El segundo, Emilio, está en Europa y juega torneos juveniles; mientras Alejandro, entrenan por la tarde en el Guayaquil tennis club. “A veces en la cancha, o está el papá o está el entrenador; asímismo, no se si está mi hijo o mi alumno, pero esto me lleva a compartir con ellos, los veo todos los días y veo que se desenvuelven en un ambiente sano y deportivo”. Tener cinco hijos es algo que considera como un milagro, “dar vida a alguien es un milagro y en estos días mantenerlos también es un milagro” (ríe).
Como director de la Escuela de tenis, considera que todos tenemos que contribuir a una mejor sociedad teniendo objetivos claros. Así, los torneos que realizan siempre tienen un fin benéfico, aunque no le gusta decir lo que se hizo sino que está por hacerse. Con los fondos recaudados en el torneo Challenger que se juega en noviembre, hace tres años se creó una Fundación que ayuda a los chicos “recoge pelotas”, quienes dejan el colegio a los 12 o 14 años para trabajar. En la Fundación reciben educación y control médico. Este año se les ayudará para construir sus casas.
El mejor tenista ecuatoriano de todos los tiempos, cree firmemente que el apoyo a los hijos es importante, la educación, el deporte, ocuparlos y darles el espacio para que puedan desarrollar sus habilidades. Tratando siempre de aconsejarlos de la mejor manera y aprendiendo a escucharlos, porque ellos tienen sus necesidades y deseos, sin querer reflejarnos en nuestros hijos con lo que quisimos hacer y no pudimos.
De la misma manera que otros destacados deportistas ecuatorianos, su profesionalismo, dedicación y victorias, siguen siendo un ejemplo de superación para todos. Game, set y match para Andrés Gómez.
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