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Comentemos de:
Isabel Noboa
Que Dios obra a través de nosotros
Isabel Noboa es sinónimo de compromiso social. Ha fundado y presidido varias instituciones sociales, como FANN (Fundación para la Adopción de Nuestros Niños), Fundación Luis A. Noboa Naranjo, Fundación “Semillas de Amor”, para prevención y tratamiento del uso de drogas, y la Fundación NOBIS, que beneficia anualmente a más de 100.000 personas en el Ecuador. Creó en el año 2000 la campaña de valores “Ecuador Triunfador”, que premia anualmente a universitarios con valores como honestidad, solidaridad, trabajo tenaz, creatividad e investigación.
Isabel Noboa Desde 1997 es Presidenta del directorio de Nobis, que agrupa a empresas en diferentes ámbitos de la producción, tales como la Compañía Azucarera Valdez, que posee el 33% del mercado azucarero del país, Universal Sweet Industries, con los productos La Universal, Promotores Inmobiliarios PRONOBIS, con la cual ha edificado más de 30 proyectos inmobiliarios por alrededor de 300 millones de dólares, entre ellos, Ciudad del Sol, una ciudad dentro de Guayaquil con hoteles, edificios ejecutivos, el centro comercial Mall del Sol, etc., entre otras empresas.
Admirada y respetada en todo ámbito social por su exitosa trayectoria empresarial y solidaria, Isabel Noboa encuentra en la Parábola de los talentos (Lc 19, 11-28) su razón de servicio: “el Señor nos enseña que todos en la vida tenemos una misión que cumplir de acuerdo a los dones y facultades que Él nos ha entregado y así mismo, tenemos una responsabilidad inmensa de rendirle cuentas a Él, utilizando a su favor esos talentos y facultades”.
Reconoce además, que la responsabilidad social se la asimila desde niño, a través de las enseñanzas inculcadas por nuestros padres y abuelos. “Personalmente, desde los 6 años visitaba los barrios suburbanos, con mi madre y abuela, que iban a atender las necesidades de nuestros hermanos”.
“Desde niña aprendí que el servicio da alegría. Por lo tanto, me motiva la alegría y la paz que puedo sentir al entregarme a los demás”.
En otros tiempos se decía que el hombre debía llevar el pan y la mujer encargarse del hogar. Hoy vemos, por igualdad de derechos o por necesidad, que ambos comparten la responsabilidad económica. En estas circunstancias ¿quién cuida de nuestros hijos? ¿quién se encarga del hogar?
IN: Nuestra primera obligación en la tierra debe ser hacia nuestros hijos, que son el tesoro más grande que el Señor nos ha dado, para protegerlos y guiarlos. Comprendo que existen circunstancias que nos pueden llevar a buscar a ganar el pan para poder sustentar una familia, en esas circunstancias lo primero que debemos analizar es la posibilidad de no salir de nuestro entorno a pesar de adquirir una responsabilidad de trabajo remunerado. Muchos lo hacen, por ejemplo, las lavanderas que lavan la ropa de otras personas en sus hogares, las madres de familia que hacen trabajos de traducciones o de computación en su casa, etc. Cuando dichas circunstancias nos llevan a trabajar para una mejor remuneración fuera de nuestras casas, debemos dejar a nuestros hijos protegidos en nuestra ausencia y, a nuestro retorno, dedicarles el tiempo suficiente para escucharlos, atenderlos y guiarlos.

Ciertos “mecanismos de control de natalidad”, “procuran” evitar embarazos no deseados o “prevenir” la dificultad de mantener un hogar en circunstancias adversas. Si Dios nos da el don de la vida y la libertad de procrear, ¿por qué ver a los hijos como una carga o un problema?
IN: Los hijos son una bendición siempre y por ninguna razón debe uno alterar un embarazo. Dicen que el niño viene con el pan bajo el brazo, aún en las circunstancias de escasez. Lo más importante es que prevalezcan en una familia el respeto a la vida, los principios, la entrega y el deseo de compartir. Estoy convencida que Dios, en su infinita misericordia, premia la buena voluntad y esa escasez prematura podría convertirse el día de mañana en abundancia, en sabiduría, en generosidad y en bondad.

Aunque siempre acojamos el mismo ideal de familia (papá, mamá e hijos), actualmente este concepto parece desvirtuado. ¿ya no es necesario el Matrimonio? ¿por qué esa tendencia de preguntar quién es el que manda?
IN: La sabiduría de los años nos enseña que la entrega y el servicio son recompensados con paz y felicidad. El matrimonio es una entrega bendecida por Dios y los votos que uno hace al unirse con su pareja, deben ser cumplidos. Sin embargo, los seres humanos somos débiles y muchas veces le fallamos al Señor, buscando nuestra propia satisfacción y haciendo caso a nuestra vanidad y orgullo. No obstante, creo en la institucionalidad de la familia y que debe ser defendida por todos los medios, hay que agotar todos los esfuerzos y aferrarse a Dios para salvarla si está en problemas.

Realidad Social
«Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el Reino de los Dios» (Mc 10, 25); Jesús propone el desprendimiento y el seguirlo como condición para entrar en el Reino. ¿Es posible no sentir apego a lo material viviendo con cierta comodidad y en algunos casos con lujos?
IN: Anthony di Mello, un escritor espiritual, dice que es el apego a las cosas lo que produce nuestra tristeza; es decir, si se le va a uno un ser querido y no lo toma con resignación, agradecido del tiempo que el Señor lo conservó con nosotros, sino más bien con desesperación, debido a la falta personal que nos va a hacer la persona, nos invade una gran tristeza. Si nos quitan un bien material que nosotros “amamos” nos invade desesperación y tristeza. Lo ideal es aceptar de Dios lo que Él desea para nosotros y tomarlo con alegría. Estoy convencida que el Señor en su bondad jamás va a impedir a una persona con bienes materiales entrar al Cielo, si ha utilizado esos bienes y esas circunstancias de poder para hacer bien a los demás.

Atender el efecto y no la causa equivale a “dar el pescado y no enseñar a pescar”, ¿existe indiferencia en unos y conformismo en otros?
IN: El facilismo es una lacra para la sociedad. El vivir de otros, estando uno sano, es ser indigno. El trabajo dignifica a la persona, no importa qué trabajo sea, siempre y cuando esté regido por principios y valores. Contribuir a la prosperidad y crecimiento es un deber de cada uno de nosotros como individuos.

Juan Pablo II decía: “todo pecado, tiene consecuencias sociales”; conscientes de la realidad actual de nuestro planeta, parece no ser un buen negocio dejar de extraer petróleo, talar árboles, pescar indiscriminadamente, etc. ¿por qué?
Nuestra responsabilidad social involucra responsabilidad ambiental. La tierra y la naturaleza pertenecen a nuestros descendientes, por lo tanto no es dado que nosotros seamos parte de su destrucción.

Creo firmemente que los buenos sacerdotes y oradores de la Iglesia deben buscar la posibilidad de tener una tribuna para poder llegar a los demás.
En las cajetillas de cigarrillos leemos: Fumar Mata, ¿por qué se siguen vendiendo?, -de la misma manera que el alcohol y otros productos nocivos-, si seguimos destruyéndonos ¿a quién se le venderá?
Los seres humanos hemos dado una altísima importancia a la libertad. Sin embargo, personalmente pienso que la libertad debe ser restringida en los casos que conlleva a la destrucción de otros, de la misma persona o de un ser que comienza a nacer dentro de nuestro vientre. Hay que recordar que nuestra libertad termina cuando comienza la de los demás.

«Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré» Mateo 25, 20-21 ¿Es la política una posibilidad de servir a todos?
La política es efectivamente una manera de servir a todos siempre y cuando ésta no sea producto de una vanidad propia o conlleve a la corrupción. El ser humano que quiere servir a través de la política, porque siente que es un talento que el Señor le ha regalado, puede hacer muchísimo bien, pero también puede ser destruido por la misma política y debe estar dispuesto a una lucha y esfuerzo constante, que sería culminada con los resultados obtenidos.

«Amar a Dios sobre todas las cosas» (Éxodo 20, 2-17; Catecismo de la Iglesia Católica: Los Diez Mandamientos)
«Las prácticas de técnicas orientales -yoga, astrología, etc.-, no son un camino legítimo para un católico, pueden ser un desvío y atentan contra el primer mandamiento», (Congregación para la Doctrina de la Fe), ¿recurrir a éstas prácticas obedece a un vacío formativo o a un debilitamiento de nuestra fe?
Como nos dice el Credo, yo creo en un solo Dios y en la Iglesia Católica. Creo que el Espíritu Santo nos da la vida, la sabiduría y el criterio espiritual. Las formas de meditación y técnicas orientales, según algunos sacerdotes, mientras no reemplacen nuestra fe, pueden ayudarnos a elevarnos al Señor. Una buena práctica es al comenzar un nuevo día, ofreciéndole al Señor ese día, y terminar el día reflexionando y meditando las cosas buenas y malas que uno haya logrado para mejorar nuestro próximo día.

Muchos empresarios colocan en sus negocios, todo tipo de objetos (piedras, metales, figuras, etc.) “para qué les vaya bien”; siendo Dios reemplazado por la “energía” que éstos dieran, con el riesgo de creer que si el negocio rinde, fue por esos elementos y contagiar a más personas a hacer lo mismo. ¿Qué lugar damos a Dios en nuestras actividades?
IN: El progreso esta estrechando los lazos entre el oriente y occidente, lo cual no es malo. Lo principal en la vida es estar consciente de que en el mundo no se mueve ni una sola hoja sin la voluntad del Señor, por lo tanto debemos siempre hacer conocer al Señor nuestras necesidades y luego dejar que Él obre. Lo que los orientales pregonan es que, por lo mismo que somos espíritu, somos seres de energía y que es importante abrir canales que fomenten esa energía para nuestro bienestar físico y mental. Todo se logra a través de una oración. Finalmente la armonía dentro de nuestro ser, nos acerca aún más al Dios Omnipotente, a quien debemos nuestro servicio, dándonos a través de su misericordia la fuerza para cumplir sus mandatos.

Recientemente se habló de una aparente “crisis” de la Iglesia, ¿cómo defender nuestra fe ante la desinformación?
Se lidera con el ejemplo. En la medida en que cada uno de nosotros llevemos bien nuestra religión aportaremos más feligreses. Creo firmemente que los buenos sacerdotes y oradores de la Iglesia deben buscar la posibilidad de tener una tribuna para poder llegar a los demás. Por ejemplo, el propietario de un canal, si es un buen católico, debe darle la oportunidad a un buen sacerdote orador para poder llegar a los demás. Además, los buenos ejemplos religiosos deben pregonarse más que las faltas a la religión. La comunicación es un valiosísimo instrumento; no es en vano que Jesús decidió hablar a la multitud a través de las parábolas.

En la Encíclica “Caritas in Veritate”, el papa Benedicto XVI, nos exhorta –a todos los hombres de buena voluntad- a concientizarnos para transformar nuestra sociedad, ¿cómo respondemos de manera efectiva a este llamado?
Difundiendo la encíclica para hacernos concientes de nuestra responsabilidad individual. Liderando grupos, que conllevan a obras de beneficio común. Por ejemplo, una de las obras que personalmente admiro es la regeneración de la delincuencia a través de oportunidades y charlas efectivas a aquellas personas que, por diversas circunstancias, eligieron un mal rumbo en sus vidas.
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