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Comentemos de:
Jorge Luis Bohorquez
Componiendo y cantando, al amor humano... al Amor Divino...
Jorge Luis Bohorquez está casado hace 5 años con Katty Ávila con quien tiene 2 hijos: María Emilia de 3 años y Juan Martín de 2 años. Es Compositor y Productor musical católico, graduado en Administración de Negocios en la University of New York con estudios de Composición, Arreglos, Producción, Piano e Ingeniería de Sonido en Miami (EE. UU.)
Ha catapultado las carreras de algunos de los artistas ecuatorianos más exitosos de los últimos años: Los Intrépidos, Danilo Parra, Jorge Luis del Hierro y Daniel Betancourt. Para quienes ha compuesto y producido reconocidos HITS musicales como: Playa azul, No te lo creo, Mercedes, Cuando vuelva a verla, Como decir, Voy Dibujando, Dime quien pierde, Tu me vas sanando y Prisionero.
Jorge Luis Bohorquez Conocido por ser productor de importantes talentos nacionales, Jorge Luis Bohórquez tiene una faceta que muchos ignoran: lo más sentido de su música es para Dios. ¿Qué lo motiva? En una amena entrevista nos ha contado parte de lo que da sentido a su vida: su relación con Dios.
Hombre de familia, cristiano católico, músico, empresario; ¿este podría ser orden que te defina?
JLB: Primero católico, padre de familia, músico, - ¿empresario?- No, empresario no.
¿Cómo se pueden conjugar estos facetas?
JLB: Son totalmente diferentes entre sí pero si es posible conjugarlos. Me ha costado mucho, incluso hasta mi salud, muchos días de estrés, a veces restarle el tiempo a mi esposa, a mis hijos. En este trabajo, en esta profesión, que a veces no tiene horario, es muy difícil conjugar la parte profesional, mi trabajo creativo: componer canciones y producirlas, y, al mismo tiempo, hacer negocios o dirigir estados financieros. Es bastante trabajo para los dos lados del cerebro, el lado creativo y el lado que usa la razón.
¿Cómo se logra este equilibrio?
JLB: La fórmula: mi esposa, que me ayuda a ver las cosas que estoy haciendo mal. Siempre digo la inteligencia femenina que nosotros no tenemos, pueden ver cosas que nosotros no. Además, el estar cerca de la Iglesia, cerca de las cosas de Dios, definitivamente pone en orden lo que uno como ser humano desordena.
Háblanos de tu formación...
JLB: Bueno, mi hobby siempre fue la música. Al salir del colegio ya estaba metido en el mundo de la música; sin embargo, mi padre era Economista y teniendo sus empresas, estudié la carrera de negocios.
Después de 8 años y trabajando con mi Padre me di cuenta de que eso no era lo que me llenaba el corazón, empecé a descubrir que me estaba “haciendo el loco” con mi verdadera vocación, que era de ser músico. Entonces, cuando tenía 27 años me llené de valentía y le pedí a mi papá que me dejara salir de su empresa y que me enviara a estudiar música. Mi padre, con el dolor de su alma y a regañadientes me dijo: “porque rayos te quieres hacer músico si tienes toda una vida segura aquí en la empresa”, mi respuesta fue muy sencilla, es una cuestión de vocación y con ella -cuando uno se sincera-, no tiene opción; porque eso es lo que Dios así lo pensó. ÉL, desde siempre me soñó músico y era simplemente dejar a un lado estas presiones del medio: la presión familiar que tenemos que seguir las profesiones normales, la presión propia porque en Ecuador hace 8 o 9 años, y hasta ahora, se pensaba que nadie podía vivir de la música y que no había músicos en el país, todo es empírico. Cuando dices soy músico, la gente piensa que te vas a hacer vago, mujeriego, borracho...
¿Cómo descubrimos nuestra vocación?
JLB: Hay muchas personas que no son lo que debieron ser. Conozco muchos médicos que debieron haber sido compositores; tengo amigos arquitectos que debieron ser cantantes; es decir, en realidad ellos son compositores y cantantes pero escogieron otra profesión, como yo estuve a punto de hacerlo. Creo que es una cuestión de mucho contacto con Dios, de rezar mucho; sobre todo cuando se trata de profesiones como la música, que no son tan aceptadas por la sociedad.
“Cómo le cantaré al Señor” –dice el salmo-, ¿es difícil componer para Dios?
JLB: Lo más difícil es estar en sintonía con Dios, para que el Espíritu Santo nos inspire y nosotros seamos el instrumento. La primera canción que compuse fue una canción instrumental (Hombre libre) que incorporé en el disco de Jerusalem. Después empecé a componer canciones digamos para el mundo: letras románticas; hasta que hace 4 años empezó a brotar de manera natural el componer canciones para Dios. Una de mis primeras composiciones es Una canción para la Comunión.
Definitivamente, en las canciones públicas que se conocen, Dios permite que haya ese momento de unción. No puedo negar de que estudié mucho y tengo mucho conocimiento de cómo se componen las canciones; es decir, pongo mi parte: lo técnico y teórico, pero sólo eso no pueden hacer que una canción realmente llegue a la gente. Se necesita al Espíritu Santo para que una canción tenga poder.
Algunas de tus composiciones son muy conocidas en las celebraciones litúrgicas sin saber que son tuyas, ¿qué significa ser un compositor anónimo del Señor?
JLB: A mí me encanta, estamos lejos del aplauso que es el peligro número uno del artista. Cuando los artistas Del Hierro o Betancourt están interpretando una canción, todo el mundo aplaude al artista, yo estoy atrás de la consola con mi gorra y nadie sabe que lo que están cantando son canciones mías. En el caso de las composiciones religiosas también, pero lo que uno busca es agradar a Dios.
¿Qué diferencia hay entre componer una canción para Dios o para los artistas?
JLB:A veces, componer para el artista puede hacerse -digámoslo así-, con un poco de malicia; es decir, pensando en cómo hacer que una canción en lugar de que le guste a un millón de personas, le guste a cinco millones. Entonces, se manipulan las notas o las palabras para agradar más, pero con las cosas de Dios no se puede hacer eso; una canción para Dios tiene que tener lo que Él necesita que se diga a las personas, no lo que uno quiere.
Como dijo San Pablo “tengo que morir para que Cristo viva en mí”, morir a mis pretensiones; en esa canción tiene que vivir Dios.
Siendo la música ecuménica, ¿cómo se da el manejo de artistas de diferente credo? ¿Cómo convivir sin excluirnos?
JLB:Justamente lo hemos podido hacer y hay pruebas, testimonios de esa unión. La última canción que le compuse (a Jorge Luis Del Hierro) Tu me vas sanando fue muy importante para mí, porque cuando llegamos a la radio la gente nos regresaba la canción, decían que era medio “curuchupa” (sanando es un verbo que no se usa en el lenguaje de la radio); sin embargo la canción logró convertirse número uno y estábamos llegando con un mensaje espiritual y en eso Jorge Luis es clave, porque entre compositor e intérprete tiene que haber una sinergia, una química. No importa si había compuesto una canción muy espiritual pero si no había intérprete que transmita ese mensaje, entonces no llegaba.
Ahí estaban las dos comunidades (católica y evangélica) unidas dando un mensaje. Más son las cosas que nos unen que las que nos diferencian. Nunca hemos tenido polémicas.
Siempre lo he tenido claro, nuestra religión (católica) es la única y verdadera pero se van a salvar hermanos evangélicos y hermanos de otras religiones, porque son gente de Dios.
El que canta ora dos veces, decía San Agustín; ¿es necesario ser un buen cantante?
JLB:No, de hecho para Dios no hay nada imposible; Él puede hacer que un cantante que no tenga todo el talento del mundo pueda llegar a la gente, yo soy un testimonio de eso. Cuando grabé la Canción para la Comunión, no lo quería hacer porque yo soy cualquier cosa menos cantante; pero un amigo mío, el padre José Manuel, insistió en que tenía que cantarla. Creo que la historia lo demuestra -por ejemplo con Moisés-, Dios utiliza gente imperfecta que tal vez el mundo rechazaría pero que Él acoge.
Nunca me hubiera imagina que con mi voz tan artesanal pueda llegar a tocar el corazón de las personas; claro, ahí viene el baño de humildad: no soy yo, es el Espíritu Santo el que está actuando. Siempre he escuchado a mucha gente cantar en estadios mis canciones, con los artistas; pero escuchar a un grupo de 10 o 15 personas cantar, en una convivencia o en una adoración al Santísimo, esta canción (de la Comunión), es arrollador, la emoción es indescriptible, el asombro de sentir como Dios se puede fijar en alguien tan imperfecto para hacer eso.
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