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Comentemos de:
Juan Pablo II
"El Grande" 1920-2005.
El sábado 2 de abril de 2005, por la tarde, cuando ya se había entrado en el día del Señor, octava de Pascua y domingo de la Misericordia divina, el Señor llamó a sí, desde el palacio apostólico vaticano, al Santo Padre Juan Pablo II. El siervo de Dios, hombre de intensa vida de oración, Pastor incansable de la Iglesia universal y testigo valiente del Evangelio de Cristo, encomendándose totalmente a la voluntad de Dios y a la Virgen María, reafirmó en su vasto y rico magisterio el carácter central del Misterio eucarístico en la vida de la Iglesia, indicando a todos los bautizados como primario su compromiso de buscar la santidad, a la que definió “alto grado de la vida cristiana”.
Juan Pablo II Karol Józef Wojty?a, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia (Polonia), el 18 de mayo de 1920. Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojty?a y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera.
Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 años recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.
Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, trabajó en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.
A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también clandestino.
Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.
Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz.
En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951. Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Ética Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.
El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII, Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.
El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967, con el título de San Cesareo en Palatio.
Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes.Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.
¿Por qué es excepcional el pontificado de Juan Pablo II?
“He visto que un Papa no es bastante para abrazar a cada uno. Sin embargo, no puede haber más que un Papa y no sé como multiplicarlo”, dijo en su primera audiencia el Papa Wojtyla. Lo cierto es que este Papa, que es recordado por muchas cosas, lo es también por haber sabido como solucionar este problema. El ha llevado el barco de la Iglesia como un Padre que bendice a cada uno de sus hijos antes de acostarlos cada noche. Ciertamente se ha multiplicado más que nadie, más que ningún otro Papa había podido hacerlo, y en este multiplicarse ha alcanzado muchos récords que bien podrían aparecer en el libro del guinness.
¿Por qué el Papa fue tan comunicativo y televisivo?
Juan Pablo II no fue un hombre de multitudes, sino de personas. El siempre está entre personas, se dirigió a ellas, provocó su reacción y respuesta; nunca de masas. Forma parte de su capacidad de espontánea concentración: mira a cada persona. Y es indiferente a otra mirada, como la mirada de las cámaras, a las que nunca presta atención. Su telegenia* fue la de alguien que no se deja dominar por la cámara, que no se presta a la servidumbre de la imagen pública, y menos a la audiovisual. Él va a lo suyo, y la cámara le sigue. Para él es mejor así, para la cámara, mucho mejor todavía: actúa más libremente. En un estudio realizado en EEUU sobre Juan Pablo II y la televisión, la primera conclusión fue ésta: “Juan Pablo II dominó la televisión ignorándola”. Y es que la televisión y el resto de los medios de comunicación quedan fascinados y atraídos por la peculiar “autenticidad semántica” de sus gestos.
Ciertamente la telegenia de Juan Pablo II constituyó un nuevo lenguaje religioso, una nueva expresión del mensaje cristiano, una concreción más, entre muchas otras, de que la “nueva evangelización” por él propiciada es nueva “en sus métodos, en su ardor y en sus expresiones”, tal y como por vez primera la definió en Haití en 1983.
¿Cómo se logra este equilibrio?
MT: La fórmula: mi esposa, que me ayuda a ver las cosas que estoy haciendo mal. Siempre digo la inteligencia femenina que nosotros no tenemos, pueden ver cosas que nosotros no. Además, el estar cerca de la Iglesia, cerca de las cosas de Dios, definitivamente pone en orden lo que uno como ser humano desordena.
¿De derecha o de izquierda?
El Papa Juan Pablo II –y todos los demás Papas- no son de derechas ni de izquierdas; sino de por encima; es decir, de otra dimensión que no tiene nada que ver con unas categorías políticas que por otra parte están ya hasta pasadas de moda. Lamentablemente, caemos todos, de manera especial, los católicos y desde luego también muchos periodistas, en las trampas del lenguaje. Una de ellas es la de aplicar al mundo eclesial, al ámbito de la vivencia de la fe, categorías de orden político, o económico, o de estructuración de la sociedad, que no tienen nada que ver con la Iglesia. Ocurre también con la palabra democracia. El Señor, en el Evangelio, no dijo “vamos a hacer unas elecciones, unas primarias”; no, dijo: “tú eres Pedro, y eligió al que iba a ser cabeza de la Iglesia”; ni tampoco dijo “voy a hacer un referéndum sobre la verdad” sino “yo soy la verdad”. De modo que aplicar categorías de otro orden diverso a la Iglesia, no tiene el menor sentido y quienes lo hacen se equivocan. Si lo hacen adrede, todavía se equivocan más, obviamente.
¿Cambió Juan Pablo II el curso de la historia contemporánea?
La historia es como un gran mosaico. Cada uno de los acontecimientos son las piezas que lo componen. Tomados uno por uno, nada dicen: no son otra cosa que hechos para la crónica. En cambio, leídos conjuntamente, componen un diseño que los trasciende y que desvela su sentido más recóndito: de crónica se convierten en historia. Se hace crónica cuando se escribe o se habla sobre el Papa polaco, sus orígenes familiares, sus episodios de juventud; etc. Se hace historia, en cambio, cuando, con mirada de fe, se comprende el papel que el Papa polaco, ha tenido en el final del comunismo y en la superación de la división del mundo en bloques ideológicos. Es más que evidente que en este sentido el papel de Juan Pablo II ha sido, venturosamente sigue siendo, absolutamente determinante, y desde este punto de vista se puede afirmar con toda legitimidad y verdad que Juan Pablo II ha cambiado el curso de la Historia Contemporánea o por lo menos ha contribuido más que nadie a cambiarlo, y a cambiarlo a mejor.
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