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Comentemos de:
Martin Cucalón
Bomberos de Guayaquil: “Tu vida es nuestra vida”
Martín Cucalón de Ycaza, casado con Dennisse Knopf con quien tiene tres hijos: entre 17 años y 8 meses de edad; ingresó al Cuerpo de Bomberos en 1985, a los 19 años. Fue nombrado Jefe de Brigada en 1998 y Primer Jefe del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil desde enero de 2007.
Martin CucalónEl Crnel. Martín Cucalón re- cuerda que entró en el Cuerpo de Bomberos porque siempre los tuvo cerca, “mi papá fue Primer Jefe de los Bomberos de Guayaquil en dos ocasiones. A pesar de que él ya no era primer jefe cuando nacimos, -fue primer jefe hasta el año 60-, independientemente de eso, siempre vimos muy de cerca a los bomberos; con todo su atuendo, uniformes, cascos y todos los implementos que tenía en casa”, relata.
“Mi hermano (gemelo) Jaime y yo, de- cidimos entrar en el año 1985 al Cuartel de Bomberos #1 de la Av. de las Ame ricas. Poco a poco uno va conociendo más. En el año 90 fui Jefe encargado de Brigada por primera vez, luego fui Jefe de la tercera Brigada que comprendía todo el sur de la ciudad; es decir, desde la calle Pedro Pablo Gómez hasta el Puerto Marítimo y, hasta la calle 17: sector marginal muy grande, y complicado. Progresivamente fuimos sacando adelante al Cuerpo de Bomberos que en esa tiempo pasaba por una crisis económica terrible”, añade.
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los demás” (Jn15,13), la vocación multifacética de los bomberos como rescatistas, paramédicos, en el manejo de materiales peligrosos, en la inspección de la seguridad de fábricas y empresas, y, principalmente en la extinción y prevención de incendios; nace de la necesidad de salvar vidas arriesgando la propia.
Cuando el hombre descubrió el fuego, abrió con él un abanico de posibilidades. ¿Cómo este elemento, importante en su desarrollo, pudo convertirse en un feroz enemigo?
MC: La historia nos habla mucho del fuego en las grandes ciudades, como el caso de Roma quemada por Nerón o la invasión de Napoleón a Moscú en la que los mismos rusos incendian la ciudad para sacar a los invasores; el fuego, definitivamente puede ser un gran enemigo pero también puede ser un gran aliado en muchas situaciones. En el caso nuestro, sabemos, como dijo el historiador Chávez Franco, que Guayaquil y los incendios nacieron juntos.
Nuestra ciudad fue quemada por piratas en innumerables ocasiones, casas de madera, casas de caña con techos de paja y también se quemó muchísimas veces más, después de su Fundación. Los dos incendios grandes de 1896 y 1902 son los que marcan realmente el crecimiento de los Bomberos de Guayaquil, si bien se fundan realmente en 1635, la historia dice que mucho antes, se agrupaban los habi- tantes de la ciudad para protegerla de los incendios.
¿El bombero ve al fuego como un enemigo?
MC: Se aprende a tener mucho cuidado y a conocerlo como algo que tienes que doblegar; pero a la vez, también te cautiva: ver un incendio es algo impresionante, impactante. Puede sonar raro, ver el desarrollo del fuego resulta hasta atractivo: cuando se está viendo una fogata, uno puede ver los diferentes colores que emite. Todos los incendios son diferentes entre sí y para nosotros son un enemigo que tenemos que combatir.
Simbólicamente consideramos el Infierno como una gran hoguera (el fuego eterno), en momentos de ira o a manera de ofensa decimos “vete al infierno”, tal vez inconscientes de lo que estamos deseando. ¿se vive en un incendio un infierno?
MC: Estando en un incendio muchas veces decimos: “este es el propio infierno”, palabras muy nuestras. A veces uno no se da cuenta y tiene quema- duras debajo del traje -aún con todo el equipo-, porque se está expuesto a 600o C o 700o C. Con una mala manipulación de la manguera se puede generar un vapor que puede quemar la cabeza, las orejas o las manos si no está con los guantes puestos, por eso tratamos de trabajar siempre protegidos sin dejar ninguna parte del cuerpo expuesta. Hay incendios que alcanzan tal temperatura que al echar agua con mangueras de 21⁄2 pulgadas, ésta se evapora porque la temperatura sobre- pasa los 1000o C, donde las estructu- ras metálicas se doblan como si fueran de chocolate.
Cuando un soldado va a la guerra, sabe que corre el riesgo de no volver. ¿Un bombero puede dudar de entrar en un flagelo?
MC: Nosotros sabemos que desde el momento que salimos de la casa, la oficina o del carro de bomberos pode- mos tener un accidente en el trayecto: alguien se pasa la luz roja, no respetó el semáforo ni la sirena y nos choca. Después, al llegar al incendio no sabes que sucederá. Me ha tocado salir de casa a las 17h00. Y decirle a mi esposa “regreso mañana” en son de broma, y efectivamente regreso al día siguiente.
Existen incendios que duran 12 o 14 horas por la remoción de escombros y búsqueda de víctimas. Al regreso te duele todo. No es que no dudamos en entrar, lo hacemos siempre y cuando hayan las seguridades del caso. Tampoco podemos hacer locuras ni arriesgar a la gente, si una propiedad ya está que- mada hay que protegerla los alrededores y la vida de las personas. Procuramos que nuestro personal se cuide porque siempre estamos en riesgo: no sabemos dónde está el tanque de gas o cuántos hay, no sabemos a qué hora se nos cae el techo o el piso; realmente tenemos que trabajar con mucho cuidado.
Los incendios en Guayaquil se dan todos los días, en diferentes escalas y grados de complejidad pero a diario.
Muchas veces un bombero lucha por controlar incendios provocados por eventos naturales o accidentales, pero también tiene que atender otros por atentados terroristas (como el del 9/11) o provocados deliberadamente (piró- manos), son sensaciones distintas?
MC: El tema del 9/11 fue algo realmente espeluznante para todos: fallecieron 733 bomberos de New York, donde a ellos -como decimos nosotros-, “la respuesta rápida a la emergencia” fue lo que les causó la muerte. Llegaron al incendio, parquearon sus camiones y entraron al edificio sin analizar lo que realmente sucedía porque nadie lo sabía. Definitivamente cualquier tipo de atentados son reprochables. La muerte de estos bomberos fue muy dura por- que esto le puede pasar a cualquiera de nosotros, cualquiera puede estar expuesto a una situación como esta. Gracias a Dios, en Ecuador no hay terrorismo, de lo contrario nos tocaría enfrentar, como sucede en Bogotá, en los países de Asia o en España, donde colocan una bomba atrás del cuartel de policía y mueren 100 personas.
Hemos tenido casos de piromanía como el de una persona joven de 15 años que tiró su ropa al piso, echó gasolina, sobre él y su ropa, y se tiró encima para suicidarse. También, hace menos de un año, un hombre echó gasolina y le prendió fuego a la casa y a la mujer.
¿Cuándo el fuego puede más, qué sensación queda?
MC: Hoy por hoy los incendios se los maneja bastante mejor, tenemos más recursos para combatirlo pero es desesperante cuando vemos que la fábrica, galpón o bodega sigue prendida y no se apaga, le echamos agua, y se vuelve a prender.
Hace unos 20 años, nos tocó llegar a un incendio en las calles Tulcán y Capitán Nájera, una señora había dejado encerrados a sus 5 hijos y se había ido a trabajar. La casa se quemó completamente y ella casi pierde la razón. Ver a esa mujer desesperada con sus 5 hijos carbonizados, son situaciones que realmente te marcan; como encontrar un niño metido en una refrigeradora o una familia completa: padre, madre y dos hijos metidos en la ducha mientras la casa se quema, o encontrarse niños quemados metidos en los closets o debajo de las camas carbonizados, son situaciones duras que hay que vivirlas.
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