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Comentemos de:
Pablo Campana Saenz
Dios me ha bendecido con una familia maravillosa
Quiteño de nacimiento y guayaquileño de corazón: "aquí forjé amistades, conocí a mi esposa, me enamoré, nos casamos y fruto de nuestro amor nacieron nuestros hijos... Continúe mi formación y me desarrollé profesionalmente", relata con emoción Pablo José Campana Saenz; quien nos recibe cordialmente en la calidez y armonía de su hogar para permitirnos conocer, a través de su sinceridad, su caridad cristiana y calidad humana.
Pablo Campana Saenz
Formación académica, profesional y trayectoria deportiva
Estudié en el Colegio Intisana en Quito. Jugué tenis desde los 8 años hasta los 24 años de edad. Fueron 16 años intensos de tenis juvenil y luego profesional. Gracias a este deporte pude venir a Guayaquil -más o menos a los 21 años, después de la muerte de mi padre-.
Estudié en la Universidad del Pacífico, me gradué de Ingeniero Comercial y empecé a trabajar en el Ingenio Azucarero Valdez que pertenece al consorcio Nobis.
Tres años después pasé a Coca Cola; trabajé en la Gerencia Corporativa del consorcio Nobis y decidí hacer una maestría en el IDE. Me tomó un año y medio, fue duro pero una muy buena experiencia que me ha ayudado muchísimo, en analizar una, dos y tres veces antes de tomar decisiones; no sólo a nivel profesional sino a nivel personal.
En el deporte se vive particularmente la fe, ¿se encomendaba antes de cada partido?
Sí, soy muy creyente y practicante. Me encomendaba siempre a Dios. Terminado el partido, en la misma cancha me persignaba antes de dar la mano al contrincante, lo hacía porque soy un hombre de fe. Incluso ahora, antes de manejar, de entrar a una reunión o sesión de directorio, al dar una charla o dirigirme a mucha gente, siempre me encomiendo al Espíritu Santo.
Aunque suene contradictorio, a veces se gana perdiendo ¿qué lecciones le dejaba una derrota?
En las derrotas es, definitivamente, donde más aprendes porque cuando ganas te olvidas de muchos factores y no le das importancia a los detalles. Creo que una espinita que me quedó de mi carrera deportiva es que no di el 100% -me refiero a la concentración y dedicación-, a pesar de que tuve una corta carrera profesional en el tenis, pienso que pude dar más. En mi vida profesional actual trato de dar el 100% y no dejar un cabo suelto por pereza o por querer tener una vida un poquito más liviana, relajada; al contrario quiero "comerme el mundo", con ambición -en el buen sentido de la palabra- de crecimiento, de ser más productivo y generar fuentes de empleo.
El tenis es conocido como el deporte blanco, un juego limpio, ¿cómo masificar esta práctica, para fomentar sus valores, si también es considerado un deporte elitista?
Es considerado un deporte elitista primero por las grandes extensiones de terreno que ocupa, donde sólo pueden jugar dos personas por cancha; además es un deporte costoso por sus implementos y viajes. Pero es importante que se masifiquen los deportes individuales porque implican disciplina, concentración y autocontrol; a diferencia de un deporte colectivo te da compañerismo y trabajo en equipo. Siempre recomiendo que los padres de familia traten de inducir a sus hijos por un deporte individual y un deporte colectivo al mismo tiempo, el uno es un complemento del otro.
A modo de balance, ¿cómo se han dado las distintas etapas de su vida familiar?
¡Maravilloso!, me he sentido bendecido con mi familia: padre, madre, hermanas y ahora la mujer y los hijos que tengo. Somos muy hogareños, aunque alguien me dijo alguna vez que parezco un ermitaño. Me gusta compartir con mi esposa y mis hijos, nos gusta mucho el deporte. Los fines de semana nos movilizamos dentro del país, creo que es una forma de tener una relación muy estrecha entre padres e hijos.
Vivimos en un ritmo frenético (celular, internet, etc.) ¿es difícil ser padre hoy? ¿cómo ser un buen padre?
Cada día que pasa los padres adquirimos muchas más obligaciones, dedicamos más tiempo al trabajo y de cierta manera, eso es un error que estamos cometiendo. No sólo por el trabajo que haces en la oficina sino que al llegar a casa: estás en internet o en el celular y no te desconectas de la oficina, quitándole tiempo a tu familia.
Por eso hay que hacer un alto, meditar, darse tiempo para uno mismo y evaluar lo que estás haciendo bien o mal; considerando siempre que Dios, la familia y la salud -en ese orden-, deben estar sobre todas las cosas.
Yo trabajo todo el día, incluso hasta altas horas de la noche, tengo una responsabilidad que cumplir: 16 proyectos inmobiliarios en marcha, la gerencia de ProNobis, en fin. Pero me doy tiempo para compartir, en el desayuno estoy con mis hijos y los fines de semana soy 100% papá para mis hijos.
¿Cuán importante es la figura paterna y materna, cuando se promueven leyes que permiten adoptar a los homosexuales?
En el hogar, los padres de familia son el ejemplo a seguir de los hijos. Como católico no estoy de acuerdo con ese tipo de leyes que se están aprobando en países desarrollados. Creo que lo que están haciendo es destruir a la familia y a la sociedad.
¿Por qué la defensa de la vida no es una lucha constante sino que se aborda eventualmente o por intereses particulares?
Es un tema triste. Mi papá, el Dr. Pablo Campana Malo, fue presidente de un gremio de doctores contra el aborto -en Quito-, y luchó mucho pro-vida. Recuerdo que yo lo seguía y conocí de este tema.
Creo que es algo que difícilmente se lo ha podido controlar, ya sea por la falta de educación y conciencia en las madres y en la sociedad mundial, o porque no se ha hecho nunca un programa fuerte de capacitación. Muchas veces el aborto se lo comete por ignorancia, por miedo o falta de recursos. Considero que los gobiernos -a nivel mundial-, muy poco han hecho por concienciar o crear una institución sólida y fuerte para que el día de mañana una madre soltera tenga un refugio. La Iglesia ha luchado -y lo sigue haciendo-, contra estas prácticas pero es nuestro deber capacitar a las personas que tenemos a nuestros alrededor.
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